Graphic Design

Está claro que todo trabajo creativo tiene un precedente en alguna parte. El secreto de una buena inspiración directa de éxito está en combinar influencias y crear algo que sea mucho mejor que la suma de sus partes, pero ¿se puede ser diseñador gráfico sin tener un mínimo de creatividad? Casi todo el mundo estaría de acuerdo en afirmar que no. Sin duda, es posible aprender algunas reglas básicas, pero diseñar es un proceso de resolución de problemas, de tener ideas tangenciales con el poder de cambiar las cosas, de dar con soluciones elegantes para cuestiones intrincadas y para eso, se necesita creatividad.

En general se contrata a un artista porque gusta como se expresa o lo que transmite con su obra. El diseñador gráfico emplea la imagen, para representar lo que su cliente quiere. Esta es la base del negocio y el punto clave que lo diferencia de un artista: trabajar para sus clientes; el problema, es el filtro por el que tiene que pasar siempre su creatividad.

El noventa por ciento de lo que hacemos al ilustrar, crear fotomontajes, animaciones, etc, no son más que imágenes simbólicas, percepciones, ideas, valores o conceptos que nos han transmitido. Un buen trabajo será por lo tanto aquel que consiga visualizar e incluso mejorar lo que el cliente tiene en mente. Nos pasamos una gran parte de nuestro tiempo mirando obras de otros diseñadores que consideramos trabajos dignos de inspiración, homenaje o emulación, pero casi siempre los valoramos desde un punto de vista puramente artístico, no profesional. Por muchos elogios que reciba, un diseño será malo si no satisface las necesidades del cliente, por tanto es necesario familiarizarse con sus referentes para encontrar la solución adecuada.

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